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El Condotiero es una novela póstuma del escritor francés Georges Perec, publicada en 2012 por la editorial Seuil, en su colección «Librairie du XXe et du XXIe siècles» dirigida por Maurice Olender. La edición en castellano corresponde a una traducción de David Stacey, publicada por primera vez en la colección «Panorama de narrativas» de Editorial Anagrama en 2013.

Su protagonista es Gaspard Winckler, un destacado falsificador de cuadros de pintores famosos que ha asesinado a su jefe, Anatole Madera, tras intentar en vano acabar la que sería su mejor obra, un condotiero que haría pasar por una creación de Antonello da Messina.

El libro está dedicado a Jacques Lederer, con quien mantuvo una correspondencia en desahogo por el rechazo editorial que obtuvo la novela. Parte del contenido de estas cartas, información biográfica e información adicional sobre la historia editorial del libro, así como un análisis de éste, se incluyen en un prólogo escrito por Claude Burgelin.

Interés en El Condotiero Editar

En su libro W o el recuerdo de la infancia (1975), el propio Perec comenta la empatía que siente hacia este cuadro de Antonello da Messina, en parte debido a la cicatriz en el labio superior del retratado, un rasgo físico que comparten en común, y que Perec poseía desde su infancia. Esta cicatriz es tan significativa para el autor, que es un rasgo distintivo de un personaje de El secuestro (1969) y fue determinante en la elección del actor Jacques Spiesser para protagonizar su película Un homme qui dort (1974). Este cuadro de El Condotiero, de hecho, también aparece en dicha película y es mencionado en su libro homónimo, Un hombre que duerme (1967).

Estructura Editar

La novela está narrada con múltiples voces, saltando de la primera persona (soliloquio) a la segunda (autointerpelación) o la tercera (narración novelesca). También varía en los tiempos verbales, refiriéndose a veces al presente, otras al pasado y otras al futuro.

La obra se divide en 14 secciones no enumeradas. Las primeras de ellas se refieren sobre todo a pensamientos vertiginosos del protagonista, un artista que planea huir de su sótano-prisión. Luego de conseguir huir, hacia la mitad del libro, se da paso a un diálogo o interrogatorio más pausado entre el protagonista y un interlocutor, solo interrumpido por una confesión en primera persona del protagonista o por los ya mencionados cambios en la voz del narrador.

Argumento Editar

«Como muchos otros, he descendido a los infiernos y, como algunos, salí en parte.»
— Michel Leiris. Edad de hombre. Primer epígrafe del libro
«Primeramente recordaré las cosas que, recibidas por los sentidos, tuve antes por verdaderas, y los fundamentos en que se apoyaba mi creencia; luego examinaré las razones que me han obligado, más tarde, a ponerlas en duda. Y, por último, consideraré lo que debo creer ahora.»
— René Descartes. Meditaciones metafísicas. Segundo epígrafe

Gaspard Winckler es un notable falsificador de pinturas francés de 33 años de edad, que durante doce años, a partir de 1947, ha falsificado más de un centenar de cuadros de distintos pintores famosos.

Proveniente de una familia rica pero distante, llevó una juventud ociosa, en la que descubrió sus habilidades para la pintura. En 1943 y con 17 años de edad, conoció en Ginebra a Jérôme, quien se convirtió en su maestro. Trabajaron juntos durante dos años, para luego titularse en un año como restaurador en el Instituto Rockefeller de Nueva York. Tras pasar otros seis meses en la Escuela del Louvre, regresó a Ginebra, donde Jérôme le presentó a Rufus, director del Museo de Arte e Historia de Ginebra, para quien comenzó a trabajar como falsificador por el simple gusto de hacerlo. Hace solo dos años, Rufus le presentó a Anatole Madera, quien resultó ser el verdadero jefe del negocio. Madera y Jérôme comenzaron a trabajar juntos en 1920, siendo ambos unos veinteañeros. Rufus se había integrado al negocio en 1940, cuando tenía aproximadamente unos 20 años de edad.

Winckler trabajaba de incógnito, no corriendo ningún riesgo, gozando de un buen sueldo y siendo consentido con todas las comodidades; sin embargo, con el tiempo se fue dando cuenta del mundo falso, solitario y esclavizante en el que se encontraba. Temía correr el mismo destino que su maestro Jérôme, quien también fue un falsario esclavo: luego de una vejez prematura que le impidió seguir trabajando, le asignaron una pensión generosa y se retiró en Annemasse donde, abandonado y sin nada que hacer, falleció apenas dos años después, en 1958.

Hace más de un año y medio, Madera le pidió a Winckler personalmente que falsificara el cuadro de algún pintor renacentista italiano. Pese a su tedio, Winckler aceptó la propuesta, proponiéndose la creación de una verdadera obra maestra, y no solo una reproducción técnicamente perfecta. Para el pedido decidió pintar un condotiero, basándose exclusivamente en El Condotiero de Antonello da Messina. Se trasladó a la comuna francesa de Dampierre, al sótano reformado de Madera, donde trabajó durante quince meses, salvo breves descansos, frente a la impaciencia de su jefe, acostumbrado a que normalmente tardara unos dos meses en este tipo de cuadros. En medio de su aislamiento, se enteró del fallecimiento de su maestro pero se distanció irreconciliablemente de su pareja parisina, Geneviève. Finalmente, el cuadro, casi acabado, no le satisfizo y lo consideró un fracaso. Desesperado, comenzó a emborracharse y para calmarlo Rufus se lo llevó de vacaciones a Gstaad, un lugar que le pareció una mala copia de su estimada Altenberg (Sajonia) y que no consiguió tranquilizarlo del todo.

La narración de la novela comienza en Orly, con Winckler cargando el cuerpo degollado de Madera, a quien ha asesinado a sangre fría y sin remordimientos, luego de haber decidido abandonar su trabajo con El Condotiero. Afuera del sótano en que se encuentra encerrado lo espera Otto Schnabel, el ayudante de cámara de Madera. Winckler teme que Otto intente comunicarse con Rufus, y que éste en venganza decida matarlo. Más tarde, el protagonista logra huir de la casa cavando un hueco en las paredes con un cincel. Llega a la casa de Streten, en París, en cuyo taller había trabajado con anterioridad. Le confiesa su crimen, y ya más calmado, reconoce su ataque de euforia e irracionalidad, pues en realidad nunca había estaba en verdadero peligro, y pese a no lamentar la muerte de Madera, tampoco tenía una verdadera razón para matarlo. Finalmente, Winckler toma la decisión de vivir durante unos meses de sus ahorros, de abandonar su actividad como falsario y comenzar una nueva vida.

Historia editorial Editar

Esta fue la primera novela acabada que escribió Georges Perec, entre 1957 y 1960 en París, Navarrenx y Druyes-les-Belles-Fontaines.

El libro cambió varias veces de título, tamaño y contenido. Una primera versión se tituló La Nuit, que luego se transformó en Gaspard, cuya primera versión, de unas trescientas cincuenta páginas, fue rechazada por Luc Estang para la editorial Seuil. Una nueva versión, esta vez con el nombre de Gaspard pas mort, de la que sólo se conservan pequeños fragmentos, se acerca más a la estructura de El Condotiero: un niño de Quartier de Belleville (como el autor) anhela convertirse en un falsario famoso, pero fracasa en la copia de un Giotto, y debe huir de la policía. La trama de esta versión era difícil de comprender, y su estructura parecía compleja, conformada por 22=4 partes de 24=16 capítulos, 26=64 subcapítulos y 28=256 párrafos. Una de estas versiones de Gaspard pas mort contó con la aprobación de Georges Lambrichs, director de la colección «Le Chemin» de Éditions Gallimard. Gracias a Lambrichs, en mayo de 1959 se le dio a Perec un anticipo de setenta y cinco mil francos para que redondeara su novela. De esta instancia surge el primer manuscrito de El Condotiero en su versión actual, de unas ciento cincuenta y siete páginas mecanografiadas. Algunos extractos de un manuscrito de Gaspard pas mort o Le condottiere escrito entre 1958 y 1959 se publicaron previamente en Parcours Perec (1990).

Esta versión fue escrita con varias detenciones, en parte debidas al desánimo por los rechazos previos, a su proyecto de la revista La Ligne générale, y más fundamentalmente al servicio militar que debió realizar entre enero de 1958 y diciembre de 1959. Pese a todos estos cambios, la primera frase del libro se mantuvo desde las primeras versiones. Finalmente, El Condotiero fue nuevamente rechazado en diciembre de 1960, mientras Perec se encontraba con su esposa en Sfax, lo que provocó en él una enorme decepción. Poco después de esta versión, que es la que se conoce, el autor intentó nuevamente publicar en 1961 una variación titulada J'avance masqué. Este manuscrito se ha perdido, y fue nuevamente rechazado por Gallimard.

Más tarde, durante una mudanza en 1966, se perdieron varios de sus manuscritos, incluidos los de esta novela. Perec creyó hasta su muerte que las copias de esta obra se habían perdido por completo.

Pese a lo anterior, el traductor y biógrafo de Perec al inglés, David Bellos, mientras a principios de 1990 investigaba material biográfico del autor para su libro Georges Perec, une vie dans les mots (1994) encontró algunos duplicados de manuscritos del autor aparentemente perdidos, entre ellos dos copias de El Condotiero. La primera copia la encontró en casa del experiodista de L'Humanité Alain Guérin. La segunda copia fue una de las varias que entregó Perec a sus amigos en el tiempo en que estaba trabajando en el proyecto de la revista La Ligne générale.

El propio Claude Burgelin había recibido una de estas copias, más extensas que la versión final publicada, donde Perec extendía la excavación de Winckler y éste huía por un pasadizo subterráneo.

Recepción y crítica Editar

A Claude Burgelin, autor del prólogo de la obra, la versión anterior y extendida de esta novela inicialmente no le gustó y no acabó por entenderla. En cuanto a la versión finalmente publicado, considerándola en retrospectiva, la consideró una relectura reveladora y «excitante», un texto «rudo y sofisticado, rudo e iluminador», emparentado con la novela policíaca.

Una vez publicada, esta novela obtuvo una positiva recepción en la crítica especializada. Christine Montalbetti en Le Monde destacó esta obra prematura de Perec como una manera de acercarse a la biografía del autor desde una nueva perspectiva. Baptiste Liger, para la revista Lire, también destaca sus guiños de novela policíaca y su carácter lúdico y existencial, que serán tan característicos en sus novelas futuras. Philippe Lançon para Libération reconoce en ella un primer intento del autor por aproximarse a lo que más adelante serán obras maestras. Tiphaine Samoyault, para La Quinzaine littéraire, establece una relación entre esta novela junto al resto de su obra con la de Jorge Luis Borges.

Análisis de la obra Editar

Este libro póstumo pero escrito en los comienzos de la carrera literaria del autor, aporta varios antecedentes sobre sus libros siguientes. El tema de la impostura es utilizado por el autor más tarde en el resto de su obra. El nombre de Gaspard Winckler, por su parte, vuelve a aparecer en W o el recuerdo de la infancia (1975) y La vida instrucciones de uso (1978). El tedio y el existencialismo también vuelven a aparecer en Un hombre que duerme, y «el desafío de la proeza imposible», en El secuestro, Les Revenentes, La vida instrucciones de uso, El gabinete de un aficionado, entre otros. El uso del espacio como «prisión mental» también se replicó en Un hombre que duerme, La vida instrucciones de uso y algunos otros relatos. En La vida instrucciones de uso y El gabinete de un aficionado también aparecen los temas de la impostura, la copia y lo falso.

Para Claude Burgelin, «El Condotiero es el relato de una liberación» precedida por «la narración de un fracaso», y es también «el relato de una venganza, como en La vida instrucciones de uso» lo es la relación entre aquel Gaspard Winckler artesano y el frío multimillonario Percival Bartlebooth, que asume un rol semejante al de Anatole Madera, cuyo nombre a su vez es significativamente parecido al de Antonello da Messina. El propio autor esperaba que se leyera como una «toma de conciencia».

El asesinato para el protagonista es aquí un acto liberador, totalmente opuesto al absurdo de El extranjero de Albert Camus. Gaspard Winckler, como armador de rompecabezas a partir de obras ajenas y diversas, es una «precursor» del propio escritor Georges Perec, el cual crea libros en lugar de cuadros. En «Los lugares de un ardid», texto del libro Pensar/Clasificar referido a su psicoterapia, el autor se asemeja a Winckler en su deseo liberador de enfrentarse a algo que sólo haya sido hecho para él mismo.

Burgelin también destaca el pasado sin raíces del protagonista, y la elocuente mención de los campos de concentración, los guetos y Yugoslavia, que lo emparentan con la infancia del autor de familia judía.


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